Jo ús ulleres perquè de petit no em creia el que em deien si no ho comprovava per mi mateix. Em van dir: «No miris el Sol directament, et danyarà teus ulls». No ho vaig creure, i vaig haver de mirar el Sol fixament. Des d'aquell moment vaig aprendre que qualsevol aprenentatge té un preu, i que hi ha coses que per aprendre s'ha de pagar amb la vida.

• • •

Yo uso lentes porque de pequeño no me creía lo que me decían si no lo comprobaba por mí mismo. Me dijeron: «No mires al Sol directamente, te va a dañar los ojos». No lo creí, y tuve que mirar al Sol fijamente. Desde ese momento aprendí que cualquier aprendizaje tiene un precio, y que hay cosas que para poder aprenderlas se tiene que pagar con la vida. 

Muñeca de musgo y hielo
que ahora duermes a mi lado,
te despertarás un día con cierto regusto extraño.
Te harás el desayuno,
yoghurt con cereales,
y cuando golpees la puerta notarás que todo es falso.
Sin fijarte que tropiezas con el gato,
ni con ese nombre que rayaste con tus llaves,
medio borrado.
Como las palabras que ya no me hablas.

Muñeca de azucar y barro,
que yaces en el sofá,
te levantarás una tarde presintiendo este final.
Mientras haces la cena,
rebanadas de pan tostado,
el estómago encogido te avisará que se ha acabado.
Sin mirar la foto de nuestras manos
que nos hicimos un día en la cama al caer la tarde,
no hace mucho,
cuando me hablabas sin palabras
de un amor largo,
como ir al cielo y volver;
de un amor loco,
como lluvia seca;
de un amor dulce,
como pastelillos de piñones;
de un amor salvaje como las películas de Truffaut.

Muñeca de mármol y sal
que un día me dejarás
todas las repisas vacías de tu ropa por planchar.
Removiendo los recuerdos,
mientras me hago la comida,
sopa de maravilla y un bistec con poca sal.
Sin parar de decirte cosas en mi cabeza,
como cuando dormías y yo estaba desvelado,
añorando todo,
cuando me hablabas sin palabras
de un amor largo,
como ir al cielo y volver;
de un amor loco,
como lluvia seca;
de un amor dulce,
como pastelillos de piñones;
de un amor salvaje como los que salen en las canciones.





Traducción hecha por mí de la canción 
"Com anar al cel i tornar", de Els Pets.


Huída

Habiendo disfrutado de un mundo confortable durante la mayor parte de su vida, decidió salir y perderse. No es que quisiera ir a algún lugar en específico, simplemente no quería quedarse en donde estaba. En cuanto pisó la calle, corrió y corrió hasta donde sus energías y su voluntad le permitieron llegar. Mientras corría, escuchaba al viento susurrándole insultos con agresivos seseos. Los aguijones de la noche se le clavaban en la piel, desgarrando levemente su carne, menguando su desesperación, haciendo más violentos los latidos de su corazón.

Cuando ya no pudo más, cayó de rodillas al suelo abrigado por la luz de una Luna amarillenta. Sangre y sudor eran una misma cosa en su piel y se deslizaban gota a gota por su rostro. Sus jadeos, sin embargo, no denotaban desesperación, y poco a poco su respiración se fue acompasando. Las palabras del viento aún retumbaban en sus oídos, y cada vez se escuchaban más agudas, más cortantes, más hirientes. Lo soportó tanto como pudo haciendo acopio de sus últimas fuerzas, hasta que fue inevitable que lanzara un grito al cielo.

Aquel grito significaba todo lo que él significaba. Era tanto su frustración como su entusiasmo, tanto su alegría como su dolor. Aquel grito era su propia vida, y la entregó a la noche sin tener miedo de nada.

Trató de fijar su mirada en su sonrisa, y encontró unos ojos esquivos y tristes. La sonrisa se acentuó, pero a la vez fue evidente su falsedad. Intentó mantener la mirada, pero la radiante luz que emanaba de su cara le hizo apartar sus pupilas al suelo. Ambos respiraron un momento los mismos sentimientos e intenciones, aunque, luego de esos segundos, volvieron a su propia oscuridad, a la que algunas veces llamaban errores y otras veces ingenuidad.

Él tomó entonces ocho estrellas del cielo y recordó su origen antiguo, y con ellas trazó un mapa de luz que grabó en su conciencia. Se propuso entonces seguirlo y llegar hasta el final, convencido de que encontraría entonces algo más valioso que su propia felicidad, algo que sólo podía compararse con ver de frente a una divinidad. De tan solo imaginarlo se le heló la sangre.

Entonces él se dejó llevar y, cerrando los ojos, se puso a volar. Llegó a su ventana y posó su mano sobre el cristal. Ella estaba dormida. No quiso despertarla, aunque se preguntó si debía hacerlo. A fin de cuentas era una ocasión excepcional. Tocó el cristal suavemente y la llamó por su nombre. Cuando ella abrió los ojos la magia pareció terminar. Él intentó aferrarse para no caer, para al menos hablar un sólo segundo, pero fue demasiado tarde. Las obligaciones de ambos los hicieron alejarse y la sangre se volvió tibia de nuevo. Ella creyó que sólo había sido un sueño.

Él abrió los ojos y se sintió aturdido. Su corazón latía violentamente y sintió su cuerpo adolorido. Estaba solo en la negrura de la noche, con el mapa que había trazado ahí delante. Había tenido otra de esas visiones, más habituales día con día, pero con interpretaciones cada vez más vagas y confusas.

Contigüidad ilusoria

Anda, muéstrame los diamantes de tu paraíso,
mientras los mancillas y adecuas a mi desgarbada existencia,
removiendo de ellos toda su bella nobleza.

Anda, cuéntame una de tus historias, sin adornarla;
fría como el tiempo que hace fuera,
corta como los días de esta estación.

Anda, recítame de nuevo mi larga lista de errores;
desdeñando mis deseos, devaluando mis intenciones,
cortando lentamente viejos lazos que nos llaman.

Anda, apunta al cielo y extermina a esos pájaros risueños;
para ti no son de nadie, para ti ya no hay más sueños.
Espero que aun recuerdes los deseos navideños.

Conexión

El peor lugar en el que se puede estar al comienzo de una tormenta es, sin duda, la frontera de las realidades. Las gotas de lluvia no limpian, ensucian. Algunas caen mientras que otras se elevan y todas chocan entre ellas. Y, en plena tormenta, no se puede hacer nada salvo esperar. Tan solo queda la añoranza de una conexión, entre tu existencia y mi estado presente. Es un deseo tan poderoso que ni la lluvia más violenta podrá amilanar. El problema es que en esta ocasión la tormenta ha durado demasiado, y yo sigo esperando.

Añoranza sin número

«Recordé tu fotografía, esa de sonidos abstractos y colores mustios, e imaginé lo bueno que sería volver a conocerte. Viajaría al pasado un millón de veces sólo para volver a conocerte.»

Despertar #7

Mi cuerpo es un recipiente que ha sido creado para preservar algo intangible llamado calor. Quiero que lo tomes, puesto que lo necesitas más que yo. Mis ojos no mienten; entérate en ellos de cualquier verdad, disipa tus temores y llénate de confianza. Si no muero cumpliendo la misión que me ha sido encomendada, significa que no la he completado aún.

Mis minutos se vuelven diminutos ciclos autodestructivos que sienten la euforia del origen, el desconcierto de la vida y la certeza de la muerte antes de extinguirse en el preciso lugar del que han surgido. De alguna manera, tú interrumpes ese ciclo al prolongar la alegría de su nacimiento, al darle sentido a su existencia y al procurar un desenlace distinto para cada uno de ellos.

Un sueño corto, producto de la siesta que tomé hace unas horas. Lo interesante de esto fue que no fue un sueño doloroso o trágico y, aun así, pude recordarlo. Ya había pasado antes con "Constructores Lunares".

◊ ◊ ◊

Estábamos en la casa de Fermín. ¿Quienes? Pues Masa, Kuzo, Pedro, Poul, Galerías, Irapuato, Fermín (obviamente) y yo. Nos habíamos juntado para resolver, en equipo, una tarea que tenía que hacerse individual, como ya habíamos hecho en otras tantas ocasiones. Lo curioso era que Poul llevaba su iMac, al igual que Masa. A decir verdad los únicos que trabajaban con sus laptops eran Pedro y Galerías. Estabamos muy concentrados revisando código y de pronto Poul eleva la voz…

Poul: Jojojo… ¡Ya se cómo premiarnos en febrero! ¡Vamos a un concierto de música navideña al DF!

Lejos de cuestionarnos el por qué habría un concierto de música navideña en febrero, a todos nos pareció buena idea. Estaba por preguntarle lo costos a Poul, pero él siguió hablando…

Poul: Logré engañar a la aplicación que vende los tickets y podremos imprimir boletos falsos que nos servirán como si fueran originales, ¡totalmente gratis!
Todos: ¡Woooooow, qué bien!
Poul: Pero nada más se pueden 8, ¿eh?
Masa: ¿Nomas yo?
Fermín: No manches Masa, si eso de que eres 8 personas lo decimos de broma.
Galerías: Entre todos somos 8, está bien.
Poul: Orale, entonces hay que empezar… ¡manos a la obra!

Poul se levanta del lugar donde estaba y de su mochila saca su laptop. Se dirigió a una esquina y se sentó en el suelo a hacer lo que tuviera que hacer para imprimir esos boletos. Nadie vio lo que estaba haciendo porque seguimos trabajando. Cuando hubo terminado, se levantó de la esquina con 8 hojas de papel bond común y corriente, impresas a Times New Roman 12 y con la imagen del propietario del boleto en estilo manga avatar debajo del texto, y una línea para firmar. Iba dándole una a cada quién, pero cuando llegó a mí…

Poul: ¡Uy! Sorry Lalo, pero ya no alcanzó para tí. Se me olvidó que Viri también va.
Lalo: Ok, no importa… creo que compraré el boleto para acompañarlos y…
Poul: ¡No! ¡No puedes! ¡Eran los últimos lugares del concierto!
Lalo: Ah, bueno… pues ya qué.
Poul: ¿Cómo que pues ya qué?
Lalo: Bueno, ok… imprimo un boleto igual. Abro Word, Times New Roman a 12 puntos, mi avatar manga y la raya de firma.
Poul: ¡No manches! ¡Obvio se van a dar cuenta de que es falso! Yo decía que me quitaras un boleto y lo modificaras para…
Lalo: ¡No, no! La verdad se me hace una idea muy pendeja y neta no creo que funcione.
Poul: ¡Bah! Dices eso porque nosotros sí iremos, ¡y tú no vas!
Lalo: No, ¡digo eso porque no los van a dejar entrar con unos pinches pedazos de papel bond!
Poul: Ay, Lalo… estás celoso de que haya invitado a mi hermana en vez de a tí.

Le iba a contestar algo, pero no pude hacerlo… todo terminó ahí.

El juicio

Un nuevo sueño que hizo que hoy me despertara algo adolorido. El formato es el mismo que los anteriores sueños. Si pueden aportar para ayudar a la intepretación, sus comentarios son bienvenidos.

◊ ◊ ◊

Salí de mi casa e iba caminando por la calle con un zoot suit de color morado. La gente me veía pasar por la calle y se arrodillaba, pero no en señal de respeto, puesto que me señalaban y se reían. No le dí mucha importancia y seguí caminando. Sucedió que llegué a una explanada circular que tenía un piso muy bello hecho de caoba, muy limpio y brillante. El cielo estaba nublándose y pensé en que era una estupidez poner un suelo así en una explanada al aire libre. De repente sentí un gople por detrás de mis rodillas que me derribó. Escuché una voz familiar.

Galerías: ¡No es estúpido! ¡Así debe ser!

Galerías estaba vestido de verdugo, pero se había quitado la capucha para que viera su cara. En sus manos traía un tubo y al instante comprendí que con eso me había derribado.

Lalo: Me disculpo por haber pensado en eso, ¿me ayudas a levantarme?
Galerías: ¡No!

Y luego de eso se marchó y se colocó a unos metros de un enorme pilar de marmol blanco que estaba al centro de la explanada. El pilar estaba sobre una tarima de marmol negro de más o menos un metro de altura a la que se subía por tres escalones. Unos momentos después llegó Dulce. Llevaba puesto un vestido bellísimo, de color carmín y cola larguísima. Se veía preciosa. Me ayudó a levantarme.

Dulce: ¿Estás listo?
Lalo: Eso creo, pero el golpe me ha dolido bastante.

En ese instante comenzó a llover. La gente que estaba dispersa por la explanada se puso alrededor de nosotros y del pilar. Dulce y yo caminamos con dificultad, debido a lo largo del vestido y al golpe que me habían dado, hasta quedar a unos tres metros de la tarima negra. Galerías llamó a dos verdugos con capuchas de color azul marino, quienes se acercaron a nosotros y tomaron a Dulce bruscamente de los brazos. Yo traté de impedirlo pero me derribaron y luego me patearon las costillas.

Dulce: Déjalos, ya sabía que ésto iba a a pasar.

Los encapuchados la subieron a la tarima y la ataron al pilar. Acto seguido llegó Fermín, ataviado con una toga amarilla y subió a la tarima. De su cabello sacó una hoja de papel y, con voz potente, leyó…

Fermín: Así comienza el juicio de la cabeza de calabaza.

Dijo eso mientras señalaba a Dulce, y la multitud se arrodilló y rió muy falsamente. Fermín, mientras me señalaba, añadió…

Fermín: El sujetillo nos mantendrá despiertos

Después de que dijo eso, toda la gente sacó unas bolsas de plástico de color verde. No tenía idea de qué contenían, pero la multitud me miró amenazadoramente por unos segundos. Después comenzaron a reir. Todo eso sin dejar de estar arrodillados un solo instante.

Fermín: Bien, ha llegado la hora de que la cabeza de calabaza diga lo que tenga que decir.

La multitud rió nuevamente. Me molestaba muchísimo que la llamaran así. Fermín se dirigió a Dulce y le gritó…

Fermín: ¡¡HABLA!!

Dulce comenzó a hablar. No tengo idea de lo que decía, sólo pude distinguir que estaba hablando en ruso. Fermín se bajó a donde estaba y se inclinó hacia mí.

Fermín: ¿Sabes lo que dice la cabeza de calabaza? ¡Tradúcenos!
Lalo: Pues, sólo se que es ruso, pero no tengo idea de qué es lo que está di…

Fermín se levantó, me pateó la cara y me gritó…

Fermín: ¡¡TRADÚCENOS!!

Dulce dejó de hablar y le gritó a Fermín algo en italiano y rompió en llanto. Él me dio otra patada y, con su pie, presionó mi cara contra el suelo de madera.

Fermín: ¿Ya te diste cuenta en la situación en la que la has dejado? ¡Mira lo que le has hecho hacer! Y más te vale que nos traduzcas, o te seguiré pateando.

Se dirigió a Dulce.

Fermín: ¡Cabeza de calabaza! ¡Sigue hablando!
Lalo: Está bien, traduciré. Pero deja de llamarla cabeza de calabaza y haz que la gente deje de reirse.
Fermín: ¡¡NO!!

Y me siguió pateando un rato más, hasta que la gente se levantó y comenzó a extraer el contenido de las bolsas verdes. Eran cebollas, y me las empezaron a lanzar. Alguien gritó…

Desconocido: Con su sangre, esas cebollas se volverán rojas… ¡y sabrán como manzanas!

Dulce seguía llorando desconsoladamente mientras permanecía atada al pilar. Fermín y Galerías, a lo lejos, reían estruendósamente. Me golpearon con las cebollas tantas veces que perdí el conocimiento y me desconecté de todo.

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